Él se levanta diariamente a las cinco de la mañana, vive con sus padres. Lava y cocina el pollo que un día antes le llega para abrir la rosticería.
El es Juan Pérez, tiene 38 años, tiene dos hijos y su esposa, sólo que no vive con ellos, aunque los ve todos los días.
“Al principio me costó mucho trabajo conseguir empleo, nadie quería contratarme, entonces comencé a trabajar con un vecino de taxista, ahorré dinero y ahí están mis pollerías” dice Juan.
En este momento es dueño de tres pollerías, pero él sigue levantándose temprano para atender una de ellas.
“cuando era joven la regué, pero hoy estoy completamente feliz y renovado, lo hago por mis hijos y mi familia” nos revela el entrevistado.
Juan Pérez estuvo cuatro años y 8 meses en el Reclusorio Oriente por el delito de robo de autos. “no pensé en las consecuencias, era un chamaco”.
Ahora dice que tiene una deuda con sus padres por todo el apoyo que le dieron cuando él se encontraba preso.
Actualmente existe un 98% de delitos impunes en el Distrito Federal, de cada 100 delitos sólo se denuncia una parte, sólo el 23% se investiga, pero menos del 30% llega a manos de un juez. Hay reos encerrados injustificadamente y por delitos menores. Esto radica en un problema mayor para el sistema penitenciario ya que todas las prisiones hospedan una sobrepoblación y la mayoría de los delincuentes recaen por la mala infraestructura penitenciaria.
Juan es un ejemplo a seguir para todos y sobre todo para los jóvenes que comienzan a robar por falta de comida, porque aunque nadie le quería dar trabajo, el sobrevivió trabajando y no robando.
En el presente es un microempresario que rinde ganancias y vive el día trabajando por su familia.
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