Así fue el jueves 20 de agosto en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, cuando presento su obra reductivista, el multifacético escultor británico Antony Gormley (lo digo así, porque no sólo es escultor, sino también estudio antropología, arqueología e historia del arte).
Todos listos en sus posiciones, jóvenes y adultos, algunos llegando tarde –como siempre-, otros esperando tras la demora del mismo Antony y acalorados por el bochornoso lugar.
Antony Gormley empezó una charla larga a 450 personas acerca de su trabajo, hablaba muy cerca del público, muy íntimo, como un entrañable amigo. Se colocó a la orilla del escenario con su vestimenta totalmente blanca hasta los tenis, como si fuera a recibir la energía en Teotihuacan.
Una gran pantalla posicionada detrás de él, arriesgaba sus obras a la mira del público apasionado.
La primera escultura mostrada causo un impacto de asombro entre los asistentes, puesto que él era el molde y aparecía totalmente desnudo; esto no tiene nada de raro, pero la posición de su escultura era muy acertada. Gormley conoce muy bien a la gente, la hace participar, es admirador de Miguel Ángel y hace que los espacios vacíos, se llenen; estas son sólo unas de sus cualidades y además mantiene un buen sentido del humor.
La mayoría de la gente escuchó atenta su explicación, aunque hubo algunos dormilones y una que otra voz ruidosa.
Casi al final de la charla a Antony le dieron un láser para señalar las esculturas en la pantalla, se divertía tanto que la audiencia se percató y comenzaron a reír.
Demostró que es un ser humano –adulto- al olvidarse de una pregunta y apuntándola en su hojita. Como el siguiente fragmento del poema de Ósip Mandelstam:
He olvidado la palabra que quería
pronunciar y mi pensamiento, incorpóreo,
regresa al reino de las sombras.
Una hora después estaríamos en la inauguración-fiesta, celebrando la cultura en México, la obra Firmament y lo concurrido del evento, los asistentes fueron de todas las edades, iban de todos colores, pero con una muy buena vibra.
Al final, los meseros decidieron demorar más las bebidas y la gente se volvió un poco desesperada-como si se fuera a terminar el agua-, pero después la armonía regresó y el alcohol fluyó por un buen rato y para un buen rato.
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